15/07/2025

Envejecimiento poblacional. Implicaciones en el sistema de pensiones y edad de jubilación.

La transformación demográfica que atraviesan las sociedades occidentales, especialmente las europeas, constituye uno de los retos estructurales más complejos del siglo XXI.

El envejecimiento de la población, entendido como el incremento sostenido de la proporción de personas mayores de 65 años respecto del total poblacional, plantea profundas repercusiones en el ámbito económico, social y laboral.

Entre los aspectos más sensibles afectados por esta evolución demográfica destaca el sistema de pensiones, cuya sostenibilidad financiera y legitimidad social se ven sometidas a tensiones crecientes.

Asimismo, la edad de jubilación se convierte en un parámetro crítico para reequilibrar las cuentas del sistema y adecuarlo a las nuevas realidades vitales y laborales.

El objetivo del presente trabajo es el de analizar, con base en datos empíricos y desde una perspectiva crítica, los efectos del envejecimiento sobre el sistema de pensiones, los fundamentos de su insostenibilidad en el medio y largo plazo, así como las opciones de reforma viables, tanto paramétricas como estructurales.

Del mismo modo, se abordará la necesidad de revisar y adaptar la edad de jubilación a un contexto de mayor longevidad, en el marco de un contrato social renovado entre generaciones.

En primer lugar, vamos a realizar un análisis demográfico del envejecimiento. Sus principales indicadores clave son:

  • Esperanza de vida al nacer: En España, la esperanza de vida supera los 83,1 años (INE, 2023), situándose entre las más altas del mundo. En las mujeres alcanza los 85,8 y en los varones 80,3.
  • Tasa de fecundidad: El indicador se mantiene en niveles críticamente bajos (1,19 hijos por mujer en 2023), muy por debajo del nivel de reemplazo generacional (2,1).
  • Tasa de dependencia: Actualmente se sitúa en torno al 32% y se espera que alcance el 50% en 2050. Esto implica que, por cada 2 personas en edad activa, habrá 1 persona dependiente (mayor de 65 años).
  • Población mayor de 65 años: Representa el 20,4% del total (INE, 2023). Las proyecciones del INE y Eurostat la sitúan en el 31% en 2050.

A continuación, vamos a ver las características principales de la Pirámide poblacional y su transformación estructural. La pirámide poblacional española muestra una inversión clara en su base, con cohortes jóvenes significativamente más reducidas. Este fenómeno, resultado de la combinación de baja natalidad y alta longevidad, implica que el sistema de reparto actual afronta una presión crítica: cada vez hay menos trabajadores para sostener a más pensionistas.

Por otro lado, el sistema español de pensiones se basa en un esquema de reparto: las cotizaciones de los trabajadores activos financian las prestaciones de los jubilados. Este modelo, fundado en la solidaridad intergeneracional, ha sido eficaz en contextos demográficos favorables. Sin embargo, en un escenario de envejecimiento progresivo, su viabilidad se ve amenazada por el desajuste entre cotizantes y beneficiarios.

Actualmente, el gasto en pensiones contributivas representa el 13,2% del PIB. Las proyecciones de la AIReF y la OCDE alertan de un crecimiento hasta el 15,5%-16% en las próximas décadas, a menos que se introduzcan reformas estructurales.

Además, y desde 2021, las pensiones se revalorizan conforme al índice de precios al consumo (IPC), lo que protege el poder adquisitivo de los pensionistas pero eleva de forma automática el gasto público, especialmente en contextos inflacionistas.

En consecuencia, el sistema presenta un déficit estructural que es cubierto mediante transferencias del Estado desde los presupuestos generales. Esta situación compromete la sostenibilidad financiera del sistema en el medio y largo plazo.

La Ley 27/2011 introdujo un incremento gradual de la edad de jubilación hasta los 67 años en 2027, con posibilidad de jubilación a los 65 si se acredita una carrera laboral completa (38 años y 6 meses de cotización). Esta medida busca mitigar el desequilibrio del sistema aumentando los años de cotización y reduciendo el tiempo de percepción de la pensión.

La edad real de jubilación en España se mantiene en 64,6 años, inferior a la edad legal, debido a la extensión de las modalidades de jubilación anticipada.

Por otro lado, se han implementado incentivos económicos para quienes retrasen voluntariamente su jubilación. Asimismo, se penaliza la jubilación anticipada con coeficientes reductores que disminuyen la pensión percibida.

Varios organismos, como la OCDE y el FMI, proponen vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida de forma automática, garantizando un equilibrio dinámico del sistema ante los cambios demográficos.

El segundo de los pilares esenciales está relacionado con los planes de pensiones de empleo. La Ley 12/2022 promueve el desarrollo de los planes de pensiones de empleo, especialmente para trabajadores de rentas medias y bajas. Este segundo pilar resulta esencial para complementar las prestaciones públicas y diversificar las fuentes de ingreso en la jubilación.

Finalmente, el tercer pilar, constituido por planes individuales de pensiones, ha perdido atractivo por la reducción del límite de aportación deducible en el IRPF. Se propone reconsiderar su fiscalidad para estimular el ahorro a largo plazo.

El Fondo de Reserva de la Seguridad Social, que alcanzó los 66.000 millones en 2011, se ha visto casi agotado. Su reactivación, mediante aportaciones en ciclos económicos expansivos, puede actuar como mecanismo de estabilización automática.

La prolongación de la vida laboral requiere eliminar barreras estructurales para el empleo de mayores de 55 años, fomentar el reciclaje profesional y adaptar los entornos de trabajo a las nuevas capacidades.

El envejecimiento demográfico es una realidad estructural que requiere una respuesta sistémica y sostenida. La sostenibilidad del sistema de pensiones no puede abordarse con soluciones coyunturales, sino mediante una estrategia integral que combine:

  • Reformas paramétricas y estructurales.
  • Revisión del modelo de reparto.
  • Promoción de pilares complementarios.
  • Adaptación de la edad de jubilación a la nueva longevidad.

La transformación demográfica que atraviesan las sociedades occidentales, especialmente las europeas, constituye uno de los retos estructurales más complejos del siglo XXI. El envejecimiento de la población, entendido como el incremento sostenido de la proporción de personas mayores de 65 años respecto del total poblacional, plantea profundas repercusiones en el ámbito económico, social y laboral.